29 de diciembre de 2014

Influencia

Desde la foto enmarcada con bordes dorados el General me mira, yo sé que me mira aunque nadie me cree. Rosa se mofa y me dice que tengo suerte, porque en su lecho de muerte al General le cortaron las manos, dice que si saliera del cuadro no podría hacerme daño.

Hoy le dije a Rosa que el General me guiñó un ojo. Se rió a carcajadas de mí, entonces la maté con el cuchillo de la cocina mientras el General se tapaba los ojos con ambas manos.

Victoria Montes

12 de diciembre de 2014

Una noche cualquiera

El veneno se extiende
por los ríos del corazón,
la violencia engendra violencia,
los depredadores esperan
en una esquina cualquiera,
con las sombras se mezclan
listos para la ejecución.
A donde vayas hay pelea,
la desconfianza crece
como una oscura marea
sobre la agonizante ciudad
que delira y se entrega.
Nada nos queda
cuando la noche despierta
y trae egoísmo, odio y rencor.

28 de noviembre de 2014

Malas compañías



Palabras que pasan y que lastiman
cuando la intención se adivina
y lo que se dice es causa perdida.
Pero sabe quien las empuña
que ha de sangrar la herida,
y como el cóndor vuela sobre la presa
esperando con paciencia la agonía,
regresa, pica y lastima,
finge la sonrisa, escupe palabrería.
Aún no sabe, que todo vuelve en esta vida.


Victoria Montes

20 de noviembre de 2014

Batalla perdida

En tu calle la muerte llego para quedarse,
comida podrida junta el pibe de la esquina,
el farolito solo alumbra tu desesperación.
En las glicinas florecen los miedos
mientras eligís tu mejor prisión.
Ventana cubierta de rejas que te cuidan
de las sombras que vagan fuera
haciendo noche la luz del día.
En la guerra del pobre contra el pobre
esta monarquía disfrazada de democracia equitativa
reclama la sangre de todo el que respira
y no alcanza, nunca alcanza para acabar el día.

Victoria Montes

18 de noviembre de 2014

Recuerdo


Publicación Factum edición Noviembre

Los invito a leer el número 16 de la revista Factum en la cual tuve el agrado de participar con mi relato "La rueda" (pag 18). Espero la disfruten

Nueva publicación "La Nubecita" Octubre

Los invito a leer el nuevo número de la revista La Nubecita donde pueden leer mi relato "La pena mutante". Que la disfruten

6 de noviembre de 2014

Rubicón

Hay una lucha
dentro de mi carne morena,
Mi super ego ha escogido un alma
mientras las otras aguardan quietas.

Hay un momento
para desbancar a todo monarca;
mi alma tranquila y apacible
está contenta, está confiada.

Hay palabras que ya no dicen
y un tiempo que parece se apaga,
la revolución interna está comenzando;
la vida ya no provoca, solo resbala.

Hay algo dentro que está empujando.
No hay peligro al acecho, ni sed, ni hambre,
desierto ya nunca hallo.
Es todo tan perfecto hasta el hartazgo.

Hay un alma pequeñita, revolucionaria
que pide salir a gritos.
Hay noches de silencio
que me dejan escucharla.

Me pide creer fervientemente en algo
hallar al fin mi convicción,
exige que las palabras
se conviertan en actos.

Necesita mirar el mundo
a través de estos ojos míos,
adueñarse de mi lengua
defenderse con mis manos.
Hay un alma pequeñita
que ve injusticias
donde mi alma soberana
ve remanso.

Hay un levantamiento
que está iniciando.
El caos se aproxima
huele bien, lo estoy esperando.

Victoria Montes

23 de octubre de 2014

Publicación Factum edición Octubre

Los invito a leer el número 15 de la revista Factum en la cual tuve el agrado de participar con mi relato "Todas mis muertes". Espero la disfruten

19 de octubre de 2014

Recuerdo robado

dedicado a  +Liliana Fernandez 

De seguro estaba llorando
cuando me pusieron en tus brazos.
No existían las palabras,
mi mirada no veía,
pero tu corazón latía
un dulce ritmo conocido,
el olor de tu piel era mi nido.
Y por primera vez 
tus manos me tocaron
suaves, tibias fueron abrigo,
contra tu pecho me sujetaron,
un oasis en medio del caos,
instante perfecto
de tu alma y la mía.
La semilla se desprende
de tu vientre maduro,
mi mano pequeña
sujeta a tu dedo,
tu cuerpo de madre
mi lugar en el mundo.

Victoria Montes

16 de octubre de 2014

Ríos de asfalto

La calle va gritando
entre motores y bocinas;
adentro de cada mundo
el conductor también grita
con los pies y las manos.
Aturdido acelera impaciente,
golpea a fondo la bocina,
mastica a rabiar el enojo
de lo que no dijo en casa,
en la calle o la oficina.
Inunda con olas de furia
la triste caja de metal
que lo lleva a algún lado,
escapando de donde vino,
de las mentiras, las burlas
y los juicios adelantados.
Va tan rápido como puede
a donde no quiere ir
y se olvida del camino,
de sentirlo, de respirarlo.
Va muriendo apurado
cargando el corazón de ira
en un mundo podrido
que solo quiere arrollarlo.

Victoria Montes

2 de octubre de 2014

Estatuas invisibles

Se esconden manos de madre
bajo humillantes telas de vergüenza.
Se esconden miradas tristes
bajo un velo de seda.
Se esconde una boca
que jamás sonrió. 

Prohibido alzar la voz.
Prohibido escuchar.
Prohibido reír.
Prohibido bailar.
Prohibido cantar. 

Prohibido estudiar.
Prohibido trabajar.
Prohibido saber.
Prohibido luchar.
Prohibido soñar.

Como flores secas
crecen bajo el manto
mujeres afganas
prisioneras de por vida
de la sin razón. 

Llevan los dibujos de tus hijos
el rojo de la sangre,
el negro de la muerte.
Llevan corazones mutilados
al patio de juegos. 

Se castigan los sueños
con golpes.
Se castiga la vida
con mutilaciones.
Se castiga la libertad
con la muerte. 

Te abrazo a la distancia
mujer triste.
Te regalo una estrella
para tu cansado corazón.
Lleva el aire una canción muda
para que la voz dulce te acaricie
en tus horas más amargas. 

No te sientas sola,
ahí afuera alguien te piensa.
El final tendrá su tiempo,
en el aire ya se siente,
está llegando la tormenta
y cuando al fin ésta acabe
te iluminará el sol. 



Victoria Montes

Los invito a conocer mas sobre la realidad de las mujeres afganas a través de RAWA (Revolutionary Association of the Women of Afghanistan)

25 de septiembre de 2014

Si te atreves a volar

Con las alas abiertas
me lancé de la cima
de mis derrotas y sufrimientos.
Pronto me elevé
sobre el tormentoso cielo
y hallé un firmamento brillante
de soles lejanos y caminos nuevos.
Me encontré con esta sangre
que se arremolina y palpita dentro;
descubrí el amor propio,
el espacio infinito
y a esta mujer 
frágil como olvido,
resistente como el recuerdo,
cambiante como los vientos.
Como una fuerza de la naturaleza
de las sombras emerjo
y con mi luz inundo los campos tristes
para que florezcan de nuevo.


Victoria Montes

24 de septiembre de 2014

Réquiem para un amor edición digital descarga gratuita

Hoy quiero compartir con ustedes mi poemario Réquiem para un amor en versión digital. Este es un regalo para todos aquellos que siguen el blog desde hace tiempo, para los que se acercan de vez en cuando y también para los que por primera vez vienen a leer mis lineas. Gracias por comentar y compartir mis textos y alentarme a seguir en este camino que hago con tanta pasión.
Aquí les dejo el link de descarga y una breve presentación del libro. Espero que disfruten de estos poemas tanto como yo disfruté el proceso creativo.

Aquí pueden descargar el libro completo en formato pdf.
Réquiem para un amor.pdf




19 de septiembre de 2014

Nueva publicación La Nubecita Septiembre

Los invito a leer el nuevo número de la revista La Nubecita donde pueden leer uno de mis poemas. Que la disfruten

Publicación Factum edición Septiembre

Los invito a leer el número 14 de la revista Factum en la cual tuve el agrado de participar con mi relato "Familia de colección". Espero la disfruten

18 de septiembre de 2014

La hora maldita

El poeta busca la palabra
que hasta la madrugada
ha decidido ser ausencia.
En una ventana despierta,
una amante que nadie ama
llora sobre los recuerdos
de una falsa promesa.
En la cama del hospital
alguien está muriendo
y ya no quedan excusas
para engañar al tiempo.
La noche se apaga
cuando el sol va naciendo,
la hora de muerte se declara,
la dama al fin duerme
sobre lágrimas frescas, 
la palabra se escribe
sobre la hoja revuelta.

Victoria Montes

14 de septiembre de 2014

Llueve en septiembre

Llueven colores
y se enredan en tu pelo,
resbalando por la piel
van cubriéndote los miedos.

Llueven canciones
desde tu profundo cielo,
despertando al niño
que llevas dentro.

Llueven las palabras
que callaste con el tiempo,
se quiebran contra el suelo
donde florecen nuevos sueños.

Llueve olvido
y se lleva los recuerdos,
sin los restos del pasado
el presente se hace eterno.

Llueve el último llanto
y arrastra por el fango
las viejas sombras
que ayer te escondieron.

Llueve un arcoíris
infinito sobre tu cuerpo
y de amor universal
te va encendiendo.

Victoria Montes

11 de septiembre de 2014

Tu presencia

Me estoy ahogando.
Por dentro,
tus raíces siguen creciendo.
Cada día que pasa
se nutren de mis recuerdos.

Han bebido de mi alma.
Enredadas en el corazón
estrujaron mis pulmones
y enraizadas en la angustia
me siguen consumiendo.

En vano intento arrancarlas,
como la mala hierba
continúan apareciendo.
Se anudan en mi garganta
y ya no puedo decir lo que siento.

Tus raíces se extienden 
por todo mi cuerpo.
No puedo moverme, 
Mis piernas se niegan
a dar un paso más.

En tu árbol me estoy convirtiendo.
Llevo cicatrices de promesas de amor
que con el tiempo no se cumplieron.
Me acaricia el viento y todo se lo lleva.
Siento que me seco.



Victoria Montes

4 de septiembre de 2014

Socialmente correcto

Se van olvidando de lo importante
se cortan las uñas, se arreglan el pelo
sin ver en el espejo el alma apaleada,
abofeteada por los años de olvido, 
extranjera en su propio cuerpo.

Salen a la calle vistiendo perfectos,
apurados, seguros, sin ninguna convicción.
Simulando ser dueños de la tierra que pisan,
del aire que respiran, de las horas que gastan,
de las palabras que repiten para ocultar el temor.

Cuando ven en la esquina a un niño sonriendo
se muerden de envidia, le matan los sueños,
se aseguran de dejarles en claro que la vida no es juego;
porque les es más fácil hundir a los otros
que atreverse a salir del bonito cajón.

Cuando sobre ellos la tapa se cierre y les llueva la tierra
tendrán egoístas la eternidad para lamentarse
por lo que no dijeron y lo que fingieron no escuchar,
porque no se atrevieron a creer en sí mismos,
porque eligieron el camino más fácil: el de no luchar.



Victoria Montes

1 de septiembre de 2014

Perdiendo el control

Hora del té, Danila llena dos tazas. Mientras sostiene la tetera su pulgar derecho se suelta y cae sobre la mesa, lo toma con la mano izquierda y lo vuelve a colocar en su lugar. Diez minutos pasaron de las cinco, el té se enfría y Ramiro no llega; Danila se impacienta, camina por el pasillo donde la luz del sol resbala desde el balcón pintándole las piernas; el tobillo se suelta y el pie cae de lado haciéndola perder el equilibrio. Se sienta sobre la alfombra, toma el pie ambas manos y lo ajusta con fuerza. El teléfono suena, Danila se incorpora y tras dar dos pasos atiende; la voz de Ramiro que llega, no vuelve hasta tarde, tiene que trabajar horas extras. El tubo baja lento con la oreja de Danila pegada al auricular, la ha perdido y no se ha dado cuenta. Una lágrima cae sobre la mesa ratona junto al teléfono, la recoge y la empuja contra su ojo volviéndola dentro, pero la gota regresa y con ella otra y otra hasta convertirse en cientos. Danila las recolecta como si fuesen pequeños cristales, luego pone la mano como un cuenco en el borde de la mesa y con la otra recorre la superficie de madera, junta todas las lágrimas las mete en su boca y las traga, recorren su garganta como veneno. Ramiro con otra mujer, amándose en un cuarto de hotel, mintiéndole de nuevo. El té perdió el vapor, Danila se sienta en el sillón frente a la puerta y espera, la piel se le reseca, se descascara como pintura vieja, ella junta los pedacitos y se va recomponiendo. 
Son las ocho y veinte, Danila descansa con los ojos cerrados cubiertos de gotas como perlas; Ramiro abre la puerta y al verla agacha la cabeza, nada para decirle que cubra la pena. Danila se para en silencio, una lluvia de lágrimas toca el suelo; el corazón entre la piel faltante se abre paso y cae al suelo quebrándose en fragmentos, los diminutos pedazos se pierden entre las hendijas del piso de madera. Danila se arrodilla, intenta hallar las partes para armar su corazón de nuevo, está hecho polvo, no tiene arreglo.


Victoria Montes

28 de agosto de 2014

Ajeno

Hay algo que me mira pero no lo veo, sus ojos afilados tocan mi espalda, siento la carne a punto de rasgarse y en la nuca su aliento. En ese arbusto negro detrás de mí está esperando quieto; ningún ave se posa en sus ramas, alrededor no hay mariposas ni insectos, el aire no lo toca, contengo el aliento. Sé que va a venir a buscarme, tengo miedo. Ya no está en el árbol ahora lo tengo dentro, le estoy dando forma, alimentándolo con los terrores de lo que desconocemos. Está viviendo en mi sueño, ya es real, puede olerte y acariciarte el pelo. Ahora te está tocando el hombro derecho.

24 de agosto de 2014

Agoniza el amor

Son algunos demonios
más fuertes que el amor.
Palabras ajenas 
como afilados cuchillos
penetran el corazón,
haciendo de él jirones,
rociando sobre las heridas
el dulce veneno
que penetra y aniquila
lo poco que quedó.

Juego del gato y el ratón,
carrera sin fin de engaños,
trampa y traición.
Toro embravecido 
esperando el embate 
del cobarde matador.
Sobre el tablero
el rey y la reina,
detrás el alfil 
suscitando la separación.

Amor ya no significa nada
cuando escapa de tus labios,
has gastado la palabra,
que sabe amarga en mi boca
cada vez que la nombras.
Tu amor ya no provoca,
vaga exiliado sin dueño,
hazmerreír del corazón,
apedreado por tus besos,
hundido en un rincón.

Victoria Montes

21 de agosto de 2014

Donde habitas

No esperaba verla esa noche, no esperaba verla nunca más. De regreso del cementerio Fran había subido a su cuarto y se había quedado viendo tras la ventana como la tarde de otoño se iba haciendo noche con la mirada perdida en las rocosas formaciones que limitaban la ciudad. Su madre estaba muerta. Tras incontables entradas y salidas del hospital, enfermeras en casa y promesas de recuperación, todo había acabado entre el almuerzo y la merienda, en una tarde de escuela; la risa en el recreo jugando con sus amigos y de pronto el rostro ceniciento de su padre que parecía derrumbarse como un viejo edificio cuando lo fue a buscar.
Fran no se movía, la tristeza infinita lo envolvía por dentro como una tormenta de verano mientras las lágrimas inagotables continuaban cayendo. No podía comprenderlo, no bastaba con sentirlo, necesitaba entender porque a él le había ocurrido esto, quería desvanecerse como una sombra en la noche. Recordó las historias de su abuelo sobre los espíritus y las almas errantes que vagan por la tierra; sin esperar una respuesta, con la voz muy baja preguntó: ¿Estás ahí mamá? Nada se movió dentro o fuera, no hubo sonidos nuevos, el momento se extendió lo suficiente para hacerle saber que estaba solo.
¿Dónde estaba? La carne se podría en el cementerio pero la mujer que lo llenaba de besos por las noches y que lo despertaba con el desayuno en la cama antes de enfermar no era eso; algo faltaba, no todo podía estar muerto. Fran lo sabía, lo sentía en el corazón; abrió la ventana y en un momento estuvo sobre la calle frente a su casa, necesitaba correr y olvidar, y así lo hizo, corrió hasta alejarse lo suficiente del pueblo y alcanzó un campo de trigo maduro sobre el cual se echó a descansar; sólo deseaba que el dolor se detuviera. Lloró sobre la tierra, bajo la luna llena perfecta que se encendía en el cielo oscuro. La respiración entrecortada y el jadeo que las lágrimas le provocaban continuaron por poco más de una hora hasta que finalmente se durmió sobre el sembrado. 

Sintió una mano en el hombro que lo sacudía lento, había aclarado y al girar vio la silueta de una mujer morena de negros cabellos largos que lo miraba sorprendido. Se levantó confundido sin estar muy seguro de cómo había llegado a ese lugar. La mujer habló, se llamaba Itzá y junto a su marido trabajaban en el campo, lo invitó a pasar al rancho que había al final del sembrado sobre la loma. Caminaron juntos en silencio, tomados de la mano. Una vez dentro Itzá le puso una manta sobre los hombros y calentó café para los dos. Se sentó frente a Fran observando por un momento como las manos le temblaban como hojas secas al viento, tenía los ojos hinchados y enrojecidos, estaba pálido.
-¿Cómo llegaste aquí? -le pregunto mientras le acariciaba la cabeza, Fran se incorporó tímidamente y entre sollozos respondió.
-Quería llegar al cementerio…creo, mi mamá… está muerta, quería estar con ella -la voz se le ahogó en un hilo y el llanto volvió con más fuerza.
Itzá se levantó para apartar el café que inundaba la habitación con su aroma. 
-Tu mamá no murió sabes -los ojos verdes de Fran se alzaron hacia los suyos negros con deseo de saber-. Ya no podrás verla pero sigue aquí entre nosotros. Mi abuela me enseñó estas palabras antes de que su alma abandonara su cuerpo.

No te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy ahí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando.
Soy como un diamante en la nieve, brillando
soy la luz sobre el grano dorado
soy la lluvia gentil del otoño esperado.
Cuando despiertas en la tranquila mañana,
soy la bandada de pájaros que trina,
soy también las estrellas que titilan
mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando
No estoy ahí, Yo no morí.(*)


Entre lágrimas Fran esbozó una sonrisa que se esfumó como el vapor del café, era bonito pero no era suficiente, no podía verla ni hablar con ella, solo pensarla. Itzá se acercó con pan y el café y se sentó a su lado; en el silencio las almas se fueron conociendo, midiendo los gestos, mirándose por momentos. Fran sentía tranquilidad, por primera vez alguien no lo trataba como un niño y lo llevaba corriendo de un lado al otro sin respetar sus momentos, Itzá le había dado el tiempo para calmarse y dejarlo estar. Cuando acabaron el desayuno ella se ofreció a acompañarlo a su casa, Fran aceptó de inmediato y juntos salieron del rancho. 
El sol estaba subiendo y comenzaba a dorar los granos que como un mar calmo se movían lento con el viento que crecía despacio. Itzá se volvió a buscar algo y Fran esperando solo en medio del campo sintió el sol encendiéndole el rostro, sintió el viento acariciándolo, alzó los ojos sobre el enorme cielo azul manchado de blanco que le ofrecía el infinito para soñar, se conmovió con la bandada de pájaros que despertaron en las ramas del árbol y abriendo sus alas al mismo tiempo, sobre su cabeza se echaron a volar. Por dentro el pecho se le estremeció en silencio, las palabras de Itzá se volvieron poesía escrita en el viento, lo consumió la emoción de lo perfecto. Ella estaba en todas partes y siempre lo acompañaría.



(*) Plegaría indígena.

Victoria Montes

18 de agosto de 2014

Publicación revista Factum, edición aniversario

Los invito a leer el número aniversario de la revista Factum en la cual tuve el agrado de participar con mi relato "La visita". Espero la disfruten


14 de agosto de 2014

Distancias

Hay una mirada
entre tu soledad y la mía.
A tu orgullo y mi orgullo
los divide el rencor.
Hay un viaje
ida y vuelta a la luna
en cada te quiero
que dijimos los dos.
Hay una canción
entre tu primer beso y el mío.
Hay una lágrima 
entre tu adiós y mi adiós.



Victoria Montes

11 de agosto de 2014

Parte de ti

No quisiera ser tus alas
si es que eliges no volar.
No quisiera ser tus ojos
si vas a desviar la mirada
cuando te golpee la realidad.

No quisiera ser tu dios,
si con tus acciones
profanas mi nombre
y te guardas para no dar.

No quisiera ser tu vida
si vas a vivirme 
tan llena de cobardía
con ganas de todo,
menos de ti.

No quisiera ser tu corazón
si en tu latido
la llama no está encendida.
No quisiera ser tu musa
si es que eliges no crear.

No quisiera ser tu alma
si me encierras en una prisión
de viejos recuerdos
y palabras no dichas.

No quisiera ser tu camino
si vas a recorrerme con miedo.
No quisiera ser el problema
donde hallaste las excusas
para abandonarte por completo.

No quisiera ser tu sombra
si esconderte será tu juego.
No quisiera ser tu boca
si van a salir mentiras
como hormigas del hormiguero.

No quisiera ser tus manos
si vas a usarlas como escudo
cuando la máscara caiga
y te señale la vergüenza.

No quisiera ser tu sueño
si sólo se trata de ti mismo,
egoísta y mezquino,
no quisiera así, habitar tu corazón.

No quisiera ser tu conciencia
por la noche cuando duermas
si es que decides 
tomar ventaja sobre el débil,
aprovecharte de su condición.

No quisiera ser la muerte
que en tu búsqueda venga
si es que tu balanza se inclina 
en las oscuras sombras del ser.



Victoria Montes

7 de agosto de 2014

La rueda

La casa me está tomando prisionera. Después que colgué las cortinas nuevas me di cuenta que todas las cosas sin usar metidas en los cajones y tras las puertas de madera me obligan a quedarme encerrada, a cuidarlas y hacerme cargo de ellas. Todo tiene que estar limpio y ventilado, cada objeto se adueñó del lugar como una toma de terreno, tengo que moverme con cautela he comprado tanto que no queda espacio. No puedo deshacerme de todo esto, no es tan fácil, como polvo el recuerdo se ha pegado sobre las fotos, los estantes, los frascos; sobre cada minúscula cosa hay un peso que cuelga de mi corazón. He ido tapando con las compras absurdos momentos de vacío existencial, de ausencias, de angustia y soledad; no han servido más que como remedio inmediato de corta duración. 
Mi vida es una casa sin ruidos, sin pasos ajenos, tan llena de inanimados objetos, ninguno me abraza ni me dice te quiero. La maquinaria se sigue moviendo, en algún rincón alguien está comprando un modelo más nuevo para tirar el que nunca uso, en algún lugar la pila de basura continúa creciendo. Está sobrando en exceso en esta orilla mientras escasea la comida no muy lejos, pero el egoísmo, pilar sobre el que esta raza se eleva, no permite compartir. 
Morirse de hambre, comprarse un saco nuevo, mirar las cortinas que podrían haber sido más claras, tal vez podría ir por un juego nuevo.


Victoria Montes

4 de agosto de 2014

Transformaciones

Como la noche
me consumo en sombras,
de amores pasados
y daños de un tiempo
que se secó.

Como la luna habito sola,
princesa de un reino 
en eternas ruinas,
de un castillo que se derrumba
en las puertas del amor.

Como la ola que muere me hundo
en las profundidades del corazón,
y se mezclan los olores de lo viejo
en la marea que sube
y ahoga la razón.

Como el sonido
estoy viajando lejos,
en un retazo de tiempo,
invisible a los ojos,
sin ninguna dirección.

Como la calma 
sola me encuentro,
ahogando las lágrimas,
fingiendo el momento,
queriendo ser la que no soy.

Como el árbol en otoño
me despojo 
de las culpas y recuerdos,
que crujen y se rompen
con cada paso nuevo.

Como el agua 
rechazo las formas,
y por los rincones me libero
de todo lo que me retiene
prisionera de este cuerpo.

Como un tesoro perdido
en la oscuridad espero
que un rayo de sol me alcance
y me haga brillar de nuevo.


Victoria Montes


31 de julio de 2014

6 p.m.

Estoy esperando que pase algo, de seguro ustedes también. No me tomen por loco (lamentablemente aún no lo estoy) pero no sería fantástico que de pronto un agujero negro se tragase la tierra y nos llevara a otra dimensión; me gustaría que eso ocurriera, pero a falta de fenómenos cósmicos en la cercanía de nuestra galaxia, al menos me conformaría con que algo fuera de lo común sucediese en esta vida monótona a la que nos hemos acostumbrado. Y sé que a ustedes les pasa lo mismo, están aburridos, cansados de un día tan igual al otro. Que un hombre misterioso golpee la puerta, que alguien llame al teléfono y diga “te necesito”, que el pueblo (y me incluyo aunque tengo que remarcar mi notable cobardía) al fin se canse de tanta tiranía y salga por las calles a gritar ¡Revolución!, revolución de algo, de cualquier cosa, debemos crear un futuro distinto y pronto, antes de que el río de adrenalina que nos fluye por dentro se termine de secar, antes de que se mueran los sentimientos y nos convirtamos en estatuas grises egoístas y mezquinas que se niegan a dar.
Y nada sucede, miro el reloj, escucho los ruidos de la calle atestada en este viernes donde cae la tarde y todos esos individuos corren a sus casas enlatados como sardinas en autos que los hacen sentirse dueños del camino que pisan. ¡Ilusos de ellos! Que creen que la vida está resuelta, que la seguridad ya fue conseguida y que tan solo queda aguantar hasta que la jubilación miserable llegue y les dé un poco de tiempo para esperar la muerte en paz. Pero yo sé que esto no es más que un juego macabro y enfermizo, una partida de ajedrez sobre barro blanco donde todos somos peones defendiendo a un mismo rey que se prepara a nuestras espaldas para cortarnos la cabeza. Ya no se con quien hablar, ¿mis vecinos? ¿ustedes? Todos se esconden bajo una capa de miedos y esperan en la sombra a que yo parta para no ponerse en ridículo frente al resto de los hipócritas que miran y desaprueban con la cabeza sin atreverse a opinar, porque entonces deberían pensar en algo y ellos mismos se lo han prohibido, como si elaborar una idea o decir libremente lo que piensan fuera una mala hierba que se enraíza en el corazón y se expande por los huesos. Entonces quedo yo y quedan ustedes, los que me leen para adentro, con la voz apagada para evitar que estas palabras toquen el aire y se transformen en una melodía viajera que pueda alcanzar a otro muerto en vida; y no vaya a ser que por culpa de su voz, querido lector, alguien descubra de pronto que lleva años nadando en una piscina atestada de lodo y gusanos blandos que se le meten por la boca, los oídos y los ojos sin permitirle moverse, y si eso sucediese puede que intente llegar al borde y saltar fuera de la piscina, limpiarse la piel y vaciar los ojos, los oídos y la boca; pero entonces podría oír y ver la realidad, las ideas nacerían y abriría la boca para expresarse frente a los demás, y ver tanta libertad alborotada por las calles sabiendo que no es más que su responsabilidad lo dejaría a usted atónito, entonces si aún encuentra en estas líneas algo que le interés, lea con la boca cerrada y sin gesticular, o grite, grite fuerte y que lo escuchen todos. Grite ¡Libertad! y que lo sientan todos, grite hasta quedarse sin aire, grite hasta sentir que el corazón se le desgarra en una bocanada al aceptar lo que ha sido y lo que ahora es, grite mientras la vida se le cuela por los poros y disfrute de la magnífica sensación que provoca el estar vivo. 
Salga a la calle y grite, corra entre la gente que duerme con buena cara viajando de un lado al otro y sacúdales el alma, sonríales, mírelos, tómese un momento para verlos de verdad. Y cuando este cansado de correr deténgase en una esquina, siéntese en el cordón de la vereda tranquilo a observarlos, y no pronto pero al rato, comenzará a ver una pizca de humanidad: una madre sonriendo mientras le seca los ojos a un niño, un enamorado mirando a su pareja de ese modo tan singular, un amigo palmeando el hombro de otro y diciendo “quédate tranquilo que todo va a ir bien”, porque hasta en los pantanos más terribles crecen las flores más bellas y toda la monotonía y la vida descuidada sobrevive en esos momentos tan pequeños. En algún café alguien perdona, en alguna esquina alguien decide abandonar el rencor y comenzar de nuevo, en algún hospital alguien aprieta una mano para hacer saber que sigue ahí, y es pequeño pero extraordinario como todas esas revoluciones personales toman lugar. A fin de cuentas no se necesita tanto para terminar el día, es suficiente con tener un poco de esperanza en la humanidad.


Victoria Montes.

28 de julio de 2014

En la casa del Señor

Hay una casa de puertas abiertas.
Hay en la calle, una pelota que espera.
Hay una muñeca de trapo, olvidada en un rincón.

Hay una plaza donde las bombas juegan.
Hay una ciudad donde el cementerio crece.
Hay sonidos mudos, de pájaros que se fueron.

Hay una mesa servida, donde nadie cenó.
Hay un teléfono sonando en el bolsillo del muerto.
Hay lágrimas sobre el cadáver que no corrió a tiempo.

Hay una radio emitiendo silencio.
Hay escombros cubriendo los jardines,
hay violencia floreciendo. 

Hay madres que gritan,
hay huérfanos corriendo.
Hay niños que dejaron de serlo.

Hay políticos disfrazados de parca
jugando con el mapa como tablero.
Hay excusas saliendo como hormigas de sus bocas
defendiendo lo que están haciendo.

Hay señores trajeados, 
indignados de tanta violencia,
exigiendo la paz inmediata 
desde la comodidad de su hogar.

Hay noches que ocultan vergüenza,
hay un genocidio ocurriendo 
mientras tomas tu café y sale el sol.
Hay guerra, en la casa del Señor.


Victoria Montes.

Vos podés ayudar, firmá la petición pidiendo a las grandes corporaciones que detengan sus inversiones en Israel, en tiempos anteriores Israel ha cedido ante la presión económica.
  Entra y sumate al movimiento mundial.


24 de julio de 2014

El Progreso

El progreso llegó
como el fruto de lo nuevo,
al principio nos miramos con estupor
más nos fuimos entregando lento
al camino de la evolución.

La vida se nos hizo sencilla
dejamos que las máquinas,
las pastillas, los medios
se adueñaran de nosotros.

El progreso nos fue resolviendo la vida;
las complicaciones fueron llegando
-porque nada resuelve al tiempo-
entonces nos inventamos problemas,
obligaciones y malos ratos.

Reemplazamos nuestras pasiones
con tareas inservibles de tiempo completo
así nos fuimos vaciando por dentro
matando de a poco los sentimientos.

Nos fuimos olvidando de los viejos.
Educamos a nuestros hijos
frente a televisores.
Se nos fue acabando el tiempo
para los amigos, para los amores.

Y así, de a poco,
nos fuimos olvidando
de mirarnos a los ojos
hasta fingir no vernos.

Victoria Montes

17 de julio de 2014

Corazón errante

Me gustaban tus mentiras
laberinto sin salida.
Fui tu sombra en mediodía.
Fui las alas, del ángel que no voló.
No hay destino, solo ironía.
Son profundas las olas
que arrastran al corazón.
Este invierno me encontró
durmiendo en las vías
y a vos, corriendo a otra estación.
Cuando estalle el universo
y todo se repita,
te hallaré de nuevo
y otra vez volveremos
a jugar al amor.


Victoria Montes

10 de julio de 2014

Solitaria mujer

Esta aburrida
de tanta vida,
entonces sale a caminar.
No dice nada,
tan solo mira
el absurdo juego
de ser y estar.
No quiere oír
palabras vacías,
lleva siempre consigo
una poesía.

Desconfía
de la belleza del día;
hay en las sombras
aroma a mentira,
hay en el aire
un sueño distante,
se esconde en las olas
la calma de un dios.
Quiere respuestas
a tantas preguntas,
quiere que su alma resista
los golpes de la razón.

Hay una luz que la guía,
por caminos oscuros
de magia y temor.
Hay un sol
que sobre ella brilla.
Hay un mundo ahí afuera
que la mira y la olvida.
Hay una canción
en su corazón.


Victoria Montes

3 de julio de 2014

Boleto de despedida

Esta agonía nos va dejando,
nuestro amor ya decidió.
Final de juego
para tus labios y mis labios.
Jaque mate al corazón.

No quedan excusas,
ni reconciliación.
Algo se va muriendo
en mi interior.

Fuiste víctima
y victimario;
como un asesino
esperaste en las sombras
al corazón.

Palabras de acero
nos cortaron los labios.
Se acabaron los besos,
los buenos tratos.
Ganó el rencor.

Tenemos sólo
boleto de ida,
o no sabés, vida mía
que no hay regreso
del desamor.

No le queda a este día tiempo
para pedir perdón.
No le queda al corazón
señal de salida.
Se derrumbaron los puentes
por donde huía el dolor.

Vimos cosas imposibles
que nos trajo la imaginación,
un castillo de mentiras,
una culpa no adquirida.
Vimos, el final del amor.

Nos queda
marcada la historia,
como acero caliente
en el corazón.

No quedan horas,
se acaba el día.
No queda más
que la despedida,
tan solo resta
decir adiós.

Victoria Montes

30 de junio de 2014

Nueva publicación en "La Nubecita"

Los invito a leer el nuevo número de la revista La Nubecita donde pueden leer uno de mis relatos. Que la disfruten

26 de junio de 2014

Aquí, ahora

No hay presente ni pasado.
No nos unen las luces
ni nos distancian las sombras.
¿No somos nada,
o somos este momento?
Somos luz
vos y yo
compartiendo el camino.

Gira el mundo
alrededor nuestro.
Nadie nos espera,
no hay tiempo.

Ya no tenemos nombre,
ni pertenecemos.
Somos esencia.
Son tus ojos los míos,
mi corazón tu latido.
Somos uno
vos y yo.
Te quedas por siempre
en mi recuerdo.

Victoria Montes

19 de junio de 2014

Ruptura

Se mece,
agita la calma,
el ruido
estremece el silencio.
Rugen los dioses
que extienden sus brazos
en el corazón
del mismísimo misterio.

Se quiebra lento,
está cayendo.
Se hunde
en las oscuras aguas,
refleja
pero nada le basta.
Se destroza vertical
y yace como un muerto.

Vuelve la calma,
los ruidos se ahogan,
el agua se aquieta
a la espera
de otro salto mortal.


Victoria Montes

12 de junio de 2014

Estadío 1: Miedo

El miedo
me cae a gotas,
creo que intenta
volverme loca.
No estoy atada,
ya nada me retiene
y aun así
no puedo moverme,
ni abrir la boca
para gritar.

Victoria Montes

4 de junio de 2014

Himno nacional

Oíd el ruido
de rotas cadenas,
y ocupa el trono
otro tirano imperial.
La cuenta de banco
se aferra a las piernas
y el nuevo grillete
aprieta aún más.

Mejor pagar las cuentas al fisco
antes de que el ladrón venga
vestido de milico,
te ponga las esposas
y te lleve
como a un criminal
por no alimentar a tiempo
las sucias arcas del estado,
por no ser peón
de este poder corrompido
por las ganas de robar.

Victoria Montes

29 de mayo de 2014

Revolución

Está tan quieto.
Creo que va a matarme un ángel
vestido de cazador.
Está tan callado el viento
que el miedo me toca las piernas;
la bandera de hule no vuela
se pega a la cara y oprime
la lucha del vencedor.


Respiro en el aire el peligro,
los marginados se han levantado
contra los otros marginados;
desde el palco miran los ricos
como la sangre se vierte,
y se ríen ajenos
mientras beben el vino.

Victoria Montes

22 de mayo de 2014

Putas

El placer como verdugo,
el cuerpo como castigo,
el beso como asesino,
la lágrima como delito.


El sueño como refugio,
el alma como escudo,
el corazón como despojo,
la muerte como destino.

por Victoria Montes


8 de mayo de 2014

La pena mutante

Entonces aquello que me había dolido tanto, tan profundo, dejó de dañarme el alma en algún momento. Hoy lo miro y es como una fotografía de alguien más, un recuerdo ajeno, tal vez vivido por mi carne pero no por mi espíritu. Ya no me reconozco, no en esa forma, me siento tan lejos de la situación, de los sentimientos, del haberme aferrado a lo que ahora comprendo como la mismísima oscuridad. Me vuelvo a pensar como la semilla que crece bajo la tierra húmeda en absoluta soledad. El tiempo pasa y siento los cambios en el cuerpo, pero es tan lento; se hace costumbre y a pesar de que el proceso sigue fluyendo parece detenido el corazón. Soportar la oscuridad y el frio, saber que el agua está golpeando sobre las capas que me cubren y que pronto va a rozarme. La curiosidad de saber que me espera allí arriba, el miedo de dejar lo que ya conozco, esta vida que podría vivir de memoria. Esperar a que llegue el cambio, esperar en vano, sabiendo que nada va a venir a menos que lo intente. Debo llenarme de fuerzas, dejarlas surgir desde mi vientre maduro; penetrar las sombras que me ahogan y se cierran contra mi cuerpo líquido. Abandonar los miedos viejos, comprarme unos nuevos, desgranar el suelo que pesa sobre mi cabeza encontrando un halo de luz brillante y cálida.
Miro el resplandor desde la casa, soy consiente al fin de que mi cuerpo se ha despojado de las barreras suaves en las que me estaba reteniendo por propio deseo. Mis ramas frágiles han surgido, las primeras hojas están madurando pequeñas, nuevas, con la ilusión de ser. La fe se desprende desde la savia fresca que me recorre tan breve, el corazón acaricia suave el interior y sigue creciendo hasta salirse de su espacio. Siento expandirme en cada célula hacia un lugar que no existe, al menos no en la materia que creía real. Un nuevo sentimiento aflora en mí, es un amor de otras formas, un amor tan grande que no cabe en mi ser, me despojo de las noches y me vuelvo sol de mediodía sin lluvia que me nuble los ojos, con el sólo deseo de existir.

1 de mayo de 2014

Llueve la pachamama

Lluvia
que con furia golpeas,
quiebra el asfalto
y el denso cemento,
deja que los poros
de esta pachamama herida
te beban.

Lava la sangre,
que renazca
el pueblo nativo,
que el campo verde florezca
engullendo tanta codicia,
tanta falta de ganas,
tanto vicio.

28 de abril de 2014

Nueva publicación revista "La Nubecita" - Abril 2014

Los invito a leer el último número de la revista "La Nubecita" donde se ha publicado mi relato "El Beso". Espero lo disfruten.

24 de abril de 2014

Efímero

La lágrima resbala
de la comisura de tus labios.
Tu primer llanto
al nacer de la cavidad dulce
que algún día llamarás mamá.

Mirarse en otros ojos,
sonreír por dentro,
la mano roza otra mano
y queda el sabor amargo
de querer más.

22 de abril de 2014

Presentando mi primer libro "Réquiem para un amor"

De a poco los pasos te van llevando por el camino elegido y antes de que te des cuenta te encontrás con el primer logro que hace un tiempo parecía tan lejano. Mentiría si les dijera que este libro me ha costado mucho esfuerzo, este libro es el resultado de poner el corazón en la pasión que me recorre por dentro. Les comparto una breve reseña digital para que puedan dar una primera hojeada al libro ya disponible en papel y próximamente en formato digital.

Quiero agradecerles a todos los que siguen el blog, comparten y comentan todas las semanas impulsándome a continuar mi camino y ayudándome a crecer. Espero les guste esta breve reseña y les pido me ayuden a difundir la publicación de ser así.

Si quieren adquirir el libro pueden comunicarse conmigo mediante el blog y en breve me contactaré.

"...los sueños son solamente para hacerse realidad..."
Victoria.



17 de abril de 2014

Lo dicho

Sátiras las bocas que te cuentan
palabras que caen rojas,
negras y opacas,
como fruta podrida
sobre el cuerpo que te guarda.

Las ves separadas
una a una,
pequeñitas,
con las letras justas,
tan lindas y serviciales.
Se ponen en fila,
penetran tu corteza,
como balas de plata
directo al corazón.

27 de marzo de 2014

La noche del alma

Si te duermes
el sueño te atrapa.
Si te quedas sin sombra
los devoradores van a buscarte,
te roban el aire,
te ahogan entre sus manos
y de ti
no queda nada,
más que algunos recuerdos
en los cuerpos vacíos,
más que las palabras que dijiste
y nadie escuchó.


Victoria Montes

20 de marzo de 2014

Hoy

Es esta,
tu vida,
tu mejor momento.
No va a estar aquí el día
que ayer dejaste ir.

¿Sientes el miedo,
ese que te mantiene vivo?
Enfréntalo.
Provócalo.
Hazle saber
que estás al otro lado.

¿Vas a seguir
fingiendo la sonrisa
por aquello que te hace daño?
O vas patear el tablero,
apostar al más bajo
y ser el cambio.

¡Despierta!
Abre los ojos
y el corazón.
Abraza la derrota
y a los que amas
(aunque a veces duela).

Respira,
siente el dolor
de los pasos,
y el calor del sol
en la cara
besándote los labios.

Recuerda
no son los cobardes
los que alcanzan la cima



Victoria Montes

13 de marzo de 2014

Punto cardinal

Te has quedado
ahí,
en el rincón de la derecha,
en ese lugar
que no sabía que tenía,
en ese espacio 
que besabas a tientas.

Te me has quedado guardado
sin siquiera darte cuenta,
te has quedado hundido
como un cuchillo
en el corazón.

por Victoria Montes

9 de marzo de 2014

Nueva publicación en revista "La Nubecita"

Los invito a leer la revista La Nubecita donde nuevamente ha sido publicado uno de mis poemas: Aura (pag. 15). Espero disfruten de la revista tanto como yo.

6 de marzo de 2014

Confesión

No quiero que llegue esta noche donde las estrellas están alzadas y me miran sabiendo que no hay tregua. No quiero que llegue porque sé que será la última, después el alma se mudará a otras tierras, los ojos se llenarán de moho gris y el corazón perecerá bajo la mentira descubierta. ¿Y si no creyera en el destino? Si pudiera escaparme. Tantos huyen de sí mismos, magnífico don del demonio que les brinda la naturaleza. El mío sólo se golpea, espera el knock out con la cara hundida en el pozo y los dientes teñidos con rojos hilos de seda. Sé que tengo que decírselo pero cuando lo haga voy a perderla; no va a irse lejos, la conozco de memoria, va a quedarse a mi lado fingiendo el tiempo, continuará moviéndose como la abeja impaciente en la ventana. Pero aquella que conocí tan bien durante treinta y siete años va a morir apenas yo abra la boca, la voy a ir enterrando con el cemento de mis palabras. Algo en mí también partirá, la mentira que he cuidado con tanto recelo va a expandirse en el vacío amargo de una vida tan ajena. Perdido mi tiempo, perdido el de ella.

3 de marzo de 2014

Publicación en "La Nubecita"

Les comparto una nueva publicación en la revista La Nubecita de diciembre donde salió publicado mi poema "Abre". Los invito a leer el número completo.


27 de febrero de 2014

Viento interior

Estoy esperando
a que anochezca
mientras el sol se refleja
en cada corteza.

Estoy esperando
que salgas afuera
y dejes que el viento
te enjuague las penas.

Estoy esperando
que no te detengas,
y revivas el fuego
que corre en tus venas.

25 de febrero de 2014

Premio Dardos



Antes que nada quiero agradecer a +DAVID SOLERA ASIS  por este premio he invitarlos a que visiten sus hermosas letras en su blog: http://unaabubillaenlabahia.blogspot.com.ar/

Premio Excelencia


Esta semana +Pablo Astorga , +Alba Garzon y +Rakel Relatos   me han otorgado este premio, les agradezco a ambos por este reconocimiento que es una caricia literaria. Para los que no conozcan sus blogs los invito a visitarlos y conocer tan lindas letras:

http://lugarllamadopensamiento.blogspot.com.ar/ de +Alba Garzon
http://mensajesconsentido.blogspot.com/ de +Pablo Astorga
http://losrelatosderakel.blogspot.com.es de +Rakel Relatos

Premio Liebster

liebster-award

Recibí este premio de +Enrique Guisado  y de  +BEATRIZ ESCRIBE. Muchas gracias a ambos y los felicito por sus letras, pueden leerlos en los blogs:

http://beaescribe.wordpress.com/ de Beatriz y

http://avueltasconlasletras.wordpress.com/ de Enrique Guisado

Premio Lovely Blog Award

Recibí este premio desde el blog de Silvana Pressacco http://silpress.blogspot.com.ar

¡Muchas gracias Silvana!


20 de febrero de 2014

La sombra de la soledad

Malena despertó de golpe, adentro le llovía con fuerza y tanto ruido había acabado con el sueño. Ojalá el día este nublado y haya tormenta, hoy no puedo soportar el sol, pensó. Con la habitación a oscuras abrió los ojos y los clavó en el techo como dos alfileres, inmóvil sobre la cama, en su cabeza la marea subía. Estaba pensando en demasiadas cosas para las seis de la mañana, las palabras le volvían una y otra vez sobre la frente, tanta habladuría puesta sobre los sentimientos, la gente prometía en exceso y renunciaba por tan poco, todos estaban vacíos; Malena les creía y cuando llegaba el desengaño acumulaba en el corazón un poco más de angustia y de llanto. Cada vez se repetía que era la última, que no iba a intentarlo más, pero tanta soledad resultaba aniquiladora y al final cedía; con esmero construía puentes que dejaban entrar a los demás hasta sus más recónditos pasadizos. Sin motivo de desgaste o tormenta, tiempo después los encontraba derrumbados, sin guerra previa ni intento de negociación, del otro lado habían cortado las amarras y levantado campamento sin dejar ni nota de despedida.
Dio vueltas en la cama, sentía el alma cansada, pero ese agotamiento no lo reparaba el sueño por lo que intentó volver a dormir sin poder conseguirlo; las olas llegaban una a una golpeándole el corazón. Tengo que aguantar, pasar el día se dijo y salió de la cama a tientas. Prendió la luz del baño y se miró en el espejo, allí estaba con su rostro más sincero y no le gustó lo que veía. Las facciones se esfumaban y la piel se derretía, era una mancha viscosa sin forma ni marcas, todo se fundía y en el centro sólo quedaban sus ojos negros como abismo esperando para tragársela. La barrera cedió y el mar comenzó a volcarse lento en su mirada, Malena se sentó en el frio suelo y lloró para ahogar tanta angustia, cuando pudo detenerse volvió a mirarse al espejo y se vio más débil y perdida que antes, como una enfermedad terminal sin remedio.
Había nacido con la soledad agarrándole las piernas, no había nada para ella, al menos no en este mundo; pero siempre podía aguantar y levantarse piedra por piedra, soñar que una mañana venidera estaba por llegar para darle paz y llenarle en corazón con alguna relación de chuchería, o tal vez con la muerte.


Victoria Montes

13 de febrero de 2014

Un lugar

Podría vestirme y salir a la calle,
¿pero para que hacerlo?
Aunque afuera el viento sople fuerte,
no va a llevarse esta oscuridad
que traigo dentro.

Podría ponerme una careta,
maquillarme el rostro,
adornarme las muñecas.
Esconder esta mirada vacía
tras lentes de cristal.

¿Cómo disfrazar la tristeza que me acompaña?
¿Cómo caminar con la cabeza erguida?
Cuando el alma pesa y me arrastra,
con mis miserias,
con tantas mentiras.

Al menos aquí está oscuro
y la soledad 
es mi única compañía.
Aquí,
donde no tengo que pretender
ser la que no soy.

Victoria Montes

6 de febrero de 2014

Desaparecer

Me hice vapor
y el viento
me deshizo en la bruma 
de una mañana corroída
por las ganas de no existir;
de ser una nube
que viaja hacia el mar
para golpearse
y dejarse caer
sobre las olas bravas,
oscuras,
profundas. 

Perdiendo el sentido de ser.
Flotando
en un cielo,
en un limbo,
en aguas ácidas,
mortales. 

Viendo las aves
libres en su vuelo.
Encadenada a un lecho
por el camino elegido,
que dejo la pecera sin agua
y la jaula cubierta
de gruesas telas
en el olvido. 

Sola,
como nadie lo ha querido,
rasgando la noche
en los sueños de mañana.
Sin poder huir
de lo que todos huyen.
Siendo
la dama que sonríe
bajo el cuerpo vacío.


Victoria Montes

30 de enero de 2014

Bienes raíces

– ¿Qué hacés acá a estas horas? -preguntó ella sobresaltada al asomarse por la mirilla de bronce y verlo de pie frente a la puerta.

–Es que no podía dormir, no dejaba de pensar en vos, en nosotros, en lo que fuimos -respondió él mientras Mercedes abría la puerta, la besó en la mejilla y cruzó el umbral sin esperar invitación.

Ella comenzó a despejar su mente del sueño y a acostumbrar la vista a las luces que él no dejaba de encender de camino a la cocina. 

–Traje café ¡Tu preferido¡ -y alzó el paquete dorado para que ella lo viera.

–Manuel acabamos de divorciarnos no podés aparecerte así, son las cuatro de la mañana, tengo que ir a trabajar temprano. Por favor tenés que irte -le dijo mientras lo perseguía por los pasillos.

23 de enero de 2014

Declaración de guerra

Azul que nace de la tierra roja, se abre paso sobre la lluvia ácida que empapa la tierra y la lastima con cada gota, y ahí estamos nosotros con el rostro hacia el cielo esperando que el rayo caiga y nos fulmine de una vez porque estamos tan cansados de la lucha en vano, la que no empezamos porque tenemos por aprendido que vamos a perder, nos lo han dicho tantas veces que se ha enterrado la derrota en el alma, se plantó como una roca en el camino de todos la imposibilidad de lograr algo. Entonces nos unimos con los rostros ocres llenos de óxido y la empujamos, la empujamos tan lejos que no tiene más que ceder y caer por el barranco donde el mar furioso la espera debajo para consumirla con todo aquello que ya no queremos tocar, y se va vida, se va la lluvia y el mar se traga al sol que cae, porque de vernos no quiere más que morir, esta asqueado de nuestras abejas oscuras que nos zumban dentro y sacan lo peor de nosotros. 

16 de enero de 2014

Matador

–¿Qué querés ser cuando seas grande? -le preguntó su papá con el rostro escondido tras los titulares grises de La Nación.

–¡Viajero del tiempo! -respondió Manuel con la sonrisa amplia, arrodillado sobre la silla mientras comía el desayuno.

–Eso es imposible -riendo- los viajes en el tiempo no existen, sólo suceden en las películas de ciencia ficción -dejó el periódico a un lado y miró a su hijo con curiosidad-, tenés que pensar en algo real, posible.

–mmm…..¡Astronauta entonces! Así podría ver las estrellas, viajar a la luna y ver la tierra desde afuera -y los ojos le brillaban como dos pequeños soles.

–La carrera espacial terminó hace mucho tiempo, en la década del sesenta hace cincuenta años. En ese entonces tal vez valía la pena ser un astronauta, de cualquier modo es casi imposible lograrlo son muy pocos los que consiguen salir al exterior y para eso tenés que llegar a trabajar en la NASA y estamos en la otra punta del continente, no hay modo de que lo consigas -los ojos de Manuel lo miraban, pero el niño estaba en otro lugar, lejos-. Además esas exploraciones son muy costosas, los países ya no gastan dinero en eso, ahora hay que invertir en la explotación de petróleo y gas en los lugares más recónditos de la tierra -esperó un momento y al ver que su hijo no respondía volvió a preguntarle-. A ver vamos a empezar de nuevo ¿Qué otra cosa te gustaría ser?

–Bueno me gustaría escalar montañas y aprender a tocar el piano -ya no miraba su padre a los ojos, esperaba la desaprobación de las palabras.

–Eso no está mal, pero no son profesiones, trabajos reales con los que uno se gana la vida. Escalar o tocar el piano son hobbies, cosas que uno hace después del trabajo o los fines de semana para relajarse y eliminar la tensión de las horas de oficina. Eso sería para vos lo que para mí la pesca, ¿entendés?

–Pero vos nunca pescás -respondió el chico extrañado, a la espera de una explicación.

–A ver Manuel -dijo el padre tratando de disimular su impaciencia- pensá en cosas que te permitan comprarte una casa, un auto, vivir bien, así como vivimos nosotros. Profesiones como médico, contador, abogado, ingeniero, esas son las actividades que te permiten progresar económicamente. Entonces, ahora que parece que nos entendemos, decime que te gustaría ser.

–Quiero ser como vos -respondió el niño con total desinterés.

–¡Ah muy bien! Abogado entonces -y se estiró sonriente sobre la silla, había conseguido lo que quería.

–No, abogado no. Quiero ser matador de sueños como vos papá -apoyó la cuchara sobre el plato de cereales y se retiró de la mesa en silencio.



Victoria Montes

9 de enero de 2014

La ola

Esta es la historia de Pablo que siendo un niño experimenta su primer acercamiento con una desquiciada dictadura militar carente de derechos. Pablo siendo un niño en medio de una democracia corrupta y enferma de poder. Esta es la historia de Pablo, la de ustedes, la mía, la del pueblo latinoamericano.



I

En algún lugar de Latinoamérica, tiempos de dictadura.


Hay algo raro con el Falcon verde aparcado en la esquina, creo que vigilan la casa de Manuel. Papá dice que su hijo anda en cosas raras, sale a la calle después del toque de queda y tiene mala junta. Sus padres son buena gente pero ese chico está perdido, se pasa los días agitando banderas mientras grita frente a la policía por el precio del boleto estudiantil. Eso opina papá de Joaquín, el hijo de Manuel. Mamá dice que lo que hace Joaquín está bien, pelea por lo justo, por lo que necesita; pero que en estos tiempos hay que tener cuidado porque uno no puede andar hablando libremente, pensando en ideas nuevas, distintas. La abuela Dolores dice que en época de dictadura mejor no meterse y obedecer, porque de esa manera a la gente buena como nosotros no nos pasa nada; después se hace la señal de la cruz y le pide a Dios que el orden se mantenga por muchos años más.

2 de enero de 2014

La vuelta

Porque suele ser
tu mejor huella,
la del regreso.
La que te encuentra
con los abrazos conocidos
y las sonrisas de tus hijos,
sentados en diciembre,
esperando en la vereda
que aparezcas en la esquina
con el rostro cansado
y los soles de otras tierras
mientras aprietan las manos
y se impacientan,
por verte llegar.

Porque el viaje es travesía,
y el camino
ansias de cambio.
Pero mejor volver,
y ver como las luces
se encienden a lo lejos
cuando la ruta 
te devuelve sobre tus pasos;
el sol
va durmiendo el camino
mientras la luna blanca
te da descanso,
y los amigos
que van marchando
te reciben 
con doble guiño,
cuando la última curva 
te pone
de cara a la ciudad.

Porque con el regreso
llegan las historias 
que con tu voz 
adornan el aire
y reviven personajes
de mundos distantes:
los que ven el atardecer
tras el volante,
los que con la tierra 
se ensucian las manos,
aquellos que acarrean
las bolsas en el mercado,
los estudiantes y las maestras
que preparan el mate
a cambio del aventón.

Porque hay que marcharse
para que el recuerdo se encienda
en la noche solitaria
y extrañes,
el olor del pan casero,
las corridas a la hora de la siesta,
las diez manos sobre la mesa,
la cama compartida,
y mirarse en unos ojos
que despiden el día
con un beso final.

Porque en los últimos kilómetros
la ruta se hace larga,
pero es sabido 
viajero
que no hay mejor final
que volver a casa.

Victoria Montes